Posteado por: MAQAD | 9 enero 2010

“Carta a una compañera”

Respuesta a una compañera del programa


“Carta a una Compañera”

Querida Amiga, no puedo evitar pensar que somos tan iguales…

Hace 9 años, cuando decidí separarme del padre de mi hijo, pasé por una situación muy parecida a la tuya… es muy doloroso porque cuando por fin tienes la valentía y decisión de iniciar una nueva vida siguiendo un camino diferente al de aquel hombre por el que tiempo atrás hubieras dado la vida, resulta que no todo es tan fácil…

Familiares y amigos normalmente se alegran de que al fin hayas abierto los ojos y de que por fin hayas tomado la primera buena y correcta decisión en tu vida…

Separarme en mi caso fue una decisión muy acertada, pero no la “única” decisión que tuve que tomar. A partir de ese momento, y sin estar preparada psicológica, física, moral o anímicamente, tuve que iniciar una progresiva toma de decisiones que no siempre se correspondían con mis sentimientos, coraje y emociones de aquel momento.

Ojalá existiera una guía de instrucciones para la mujer separada, pero no es el caso porque cada separación es diferente, una cosa sí tienen en común, y es que todas las separaciones son dolorosas (y si no que se lo pregunten a nuestros hijos…), lo que sí existen son leyes que pretenden, mediante convenios de separación, amparar y ofrecer lo más correcto y beneficioso a nuestros amados hijos.

Mi sensación por aquel entonces era que si me esforzaba por cumplir y hacer cumplir todo lo establecido en el convenio de separación, la cruda y triste realidad era que la ley que en un principio pretendía amparar a mi hijo, lo estaba dejando totalmente desamparado e indefenso a cargo de una persona llamada padre, pero en esos momentos irresponsable, vengativa, llena de ira, rabia, desprecio hacia mi y los míos… qué te voy a contar que tú no sepas! La manipulación psicológica puede ser peor que una gran paliza… Cumplir con lo establecido se volvió en mi contra y en contra de mi hijo, y yo no podía soportar tanto dolor y culpa…lo peor de todo es que sentía que estaba perdiendo a mi hijo y defraudando la confianza que él siempre había depositado en mí. No sabía cómo hacerle entender que todo ese sufrimiento por el que “yo” le estaba haciendo pasar en realidad era, según el juez, por su bien!!

Se apoderó de mí un insufrible sentimiento de culpabilidad por estar contribuyendo a crear un pequeño monstruito, desequilibrado emocionalmente, con repentinos y frecuentes arrebatos de rabia, desconfiado, castigador con su madre…mi hijo, que por aquel entonces sólo tenía 4 años, se estaba convirtiendo en un pequeño maltratador de madre, por no saber cómo focalizar toda esa confusión y angustia. Yo no podía soportar lo mucho que me recordaba a su padre!

Pensé que lo más acertado sería buscar ayuda profesional y contacté con una psicóloga privada, con la esperanza de que pudiera hablar con mi hijo y de que pudiera darme algún buen consejo para afrontar y mediar de la mejor manera esos arrebatos de cólera que sufría. Tuve que dar clases particulares de inglés en mi casa para poder pagar las consultas que duraron dos años, pero contactar con esa mujer psicóloga fue, en mi caso, otra acertada decisión. Ella nunca quiso recibir a mi hijo, pues como buena profesional, rápidamente detectó que los problemas de mi chiquitín se solucionarían en la misma medida y rapidez que yo fuera encontrando el equilibrio en mi propia vida. ¡Cuanta razón tenía aquella sabia mujer! Así que la que acabó en el psicólogo fui yo!! y no me arrepiento porque esa mujer, lejos de centrar la terapia en mi hijo, me hizo hablar de mi padre, mi madre, mis hermanas, mi relación con los hombres…sin saber atribuirle un nombre a lo que a mí me pasaba, entendí que el problema principal era yo misma! Hoy entiendo que lo que a mi me pasaba tiene nombre, se llama AMAR DEMASIADO.

La psicóloga también me habló de un centro de mediación familiar sito en mi municipio. El funcionamiento es el siguiente: después de un par de sesiones (conjuntas o por separado) de los padres en presencia de un psicólogo y un abogado, se acuerda, entre muchas otras cosas (siempre en presencia de estos dos profesionales), un horario de visitas de los hijos. Si la custodia la tiene p.e. la madre, ésta deja a sus hijos en el centro a la hora establecida, de manera que el padre pueda cumplir con su horario de visita en el mismo centro y siempre con personal del centro presente que dará fe del trato que han recibido los hijos por parte de su padre. De esta manera se evita que madre y padre tengan que tener un contacto directo o telefónico, porque todo se establece a través del centro de mediación familiar. No se si quizá exista un centro similar en tu localidad donde puedas informarte.

Querida Amiga, hoy tengo 35 años y un hijo de 13. Vivimos los dos en un pisito de alquiler en compañía de nuestra querida perra y compañera de batallas durante 11 años. Y quieres saber una cosa? No tengo pareja, ni siquiera tengo un hombre en mente, gano lo justo para vivir… pero puedo decirte orgullosa que soy feliz! Lo único que necesitaba para seguir adelante era encontrar paz y estabilidad.

Mi relación actual con el padre de mi hijo es la siguiente:

- Imagino que el convenio de separación se encuentra en alguna caja, pero no sabría dónde buscarlo! (me resultaba demasiado agotador invertir mi energía en conseguir que él lo cumpliera, pasados unos meses no me valía la pena y lo guardé en un cajón. Necesitaba toda esa energía para mí).

- En 9 años que llevamos separados NUNCA nos ha pasado la pensión establecida, pero la verdad es que ¡No me importa! No conseguí que trabajara viviendo con él ¿lo voy a conseguir ahora? No, lo siento, esa ya no es mi responsabilidad (nunca debió serlo) ¿Que no es justo para mi hijo? Lo que no es justo es que tenga que vivir cada día con una madre frustrada y enfadada.

- No tengo ni idea de dónde vive el padre de mi hijo pero ¿cambiará mi vida saberlo? Puede que ahora esté viviendo en esta misma ciudad pero no ha creído necesario decírnoslo. La verdad es que no es asunto mío y lo mejor de todo es que no me importa!!

- De vez en cuando llama a su hijo por teléfono (unas 7 veces al año), 2 o 3 veces al año se ven y salen a pasear o a comer juntos. Ya no me preocupa lo que pueda decirle su padre para herirme porque si alguien sabe la verdad, ese es mi chico! La hemos vivido juntos!

- Tampoco siento pena porque ese hombre al que yo tanto he amado sólo sepa disfrutar de su hijo un par de veces al año. No me da pena porque veo que mi hijo está bien y con la conciencia tranquila, y si él sabe ser feliz con ese poquito que le ofrece su padre, yo no soy quién para juzgarlo! Además, mi hijo lo agradece porque no se siente cómodo compartiendo demasiado tiempo con él.

- Se acabaron las discusiones, las situaciones violentas o fuera de lugar, las lágrimas, la angustia, la culpa, el malestar… se acabó todo eso porque yo al fin supe cortar el hilo que me unía a ese hombre. La mayor decisión que he sabido tomar en mi vida ha sido concederle la libertad de ser el tipo de padre que quiera o sepa ser no interfiriendo en su camino. Si resulta que éste es el tipo de padre que decide ser… ¡Pues adelante! Probablemente pudiera dar mucho más, pero perdería calidad y entonces mi hijo sufriría porque pensaría que su padre no le quiere o pretendería ganar méritos ante él! De esta manera nadie se esfuerza en dar más de la cuenta porque hemos aprendido a dar naturalmente lo que está dentro de nuestras posibilidades. Yo no doy más para compensar lo que no da un padre, mi hijo no da más para conseguir agradar,y su padre no da más porque una mujer obsesiva o juez le estén obligando! Casi sin darme cuenta, hemos encontrado un equilibrio y las cosas naturalmente se han ido asentando. Al ceder yo en este sentido, siempre a favor de mi paz y estabilidad, mi expareja ya no tiene ningún poder sobre mí sobre todo en cuanto a manipulación emocional se refiere, porque a mí ya no me afecta nada de lo que pueda decir o hacer. Eso inspira confianza y estabilidad a mi hijo y si a mí no me afecta… ¡Pues a él tampoco!

Hoy por hoy, vivimos rodeados de paz y amor y, aunque el día a día no siempre es un camino de rosas, no lo cambiaría por nada porque hemos aprendido a ser felices!

Entiendo y comparto lo horrible que te resulta y el mal trago que pasas cada vez que tienes que dejar a tus hijos en un hogar y un entorno que no te inspiran ninguna confianza, yo a veces tenía la sensación de que lo dejaba en manos del destino! Pero lo cierto es que cuando dejó de afectarme lo que hiciera ese hombre, le concedí la libertad de averiguar por sí mismo el tipo de padre que quería ser y yo ya no le servía de excusa para hacerlo mejor o peor. Mi hijo supo entender que hay muchos tipos de familias diferentes y aprendió también a querer y aceptar a su padre tal cual es. Y si algo no le gusta o no le apetece salir a dar una vuelta con él, es capaz de decírselo sin remordimientos ni culpa, porque a fin de cuentas princesa “lo que damos es lo que recibimos”. Si das angustia, tendrás angustia, si das inestabilidad, tendrás inestabilidad, si das pasotismo, tendrás pasotismo…y si das paz, tendrás paz!!

Por eso mismo te animo, al igual que hice yo, a encontrar tu paz interior. Yo empecé tirando cajas y haciendo limpieza general en casa! Intenté desprenderme de todos aquellos recuerdos del pasado y pinté toda mi casa de azul clarito, clarito, clarito y blanco ¡Era como estar en el cielo! ja ja! La decoré con un ambiente inspirado en la paz y el amor que tanto necesitaba, coloqué angelitos que todavía hoy nos guardan la casa, hadas, rosas, flores, velas, música de piano (me encanta!) y sobre todo, animé a mi hijo a ser siempre sincero con sus sentimientos diciendo siempre la verdad de sus emociones. Si algo no te gusta, lo dices sin miedo y con calma! porque no pasa nada! Esa persona no sabe hacerlo mejor pero puede aprender, y si no aprende ¡Lástima! él se lo pierde porque nuestro hijo es un tesoro!

Querida Amiga… quiérete, mímate, regálate flores, date un baño de burbujas, concédete el privilegio y la libertad de dejar relucir con luz propia a la verdadera mujer que hay en ti!! Con lo poco que nos has dejado ver hasta ahora… intuyo que sin duda hay una poderosa y gran mujer ansiosa de vivir en paz! Una mujer con un alma bellísima cansada ya de llorar y de sufrir… Deja que los que te rodean te vean como la verdadera mujer que siempre has querido ser! Lo demás lo arreglará el tiempo.

Debes saber que no estas sola. Aunque no conozco tu rostro, ni el color de tu pelo, ni tu sonrisa…me los puedo imaginar y no sabes cuánto me alegro de haberte conocido!

Un beso de todo corazón hermanita del camino de la recuperación!

 

Ibiza, Enero 2010


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