Posteado por: MAQAD | 27 septiembre 2009

“Ya no estás sola”

“Ya no estás sola”

(Paso 10)

Triste, encadenada, confusa…, bajo una apariencia natural, libre,…incluso alegre! así llegué al programa.

No era consciente de mis dotes de actriz…

Con representaciones mejores y peores, como cualquier artista que se debe a su público, unos días representaba mi papel a la perfección consiguiendo encandilar a mi gente, y otros días la función era pésima despertando confusión a mi alrededor. Pero una actriz no deja de ser una mujer que interpreta y representa una historia ficticia, una vida que no es suya por muchos aplausos que reciba a lo largo de su trayectoria.

Años atrás lo había pasado mal. Sí. Mi recurrente mala suerte con los hombres me había llevado a la convicción de que mi soledad era una imposición del destino ¿Dónde está escrito que hombre y mujer deban compartir su vida?

Con este planteamiento, sin darme cuenta, había construido una infinidad de muros entorno a la verdadera mujer que hay en mí; muros sólidos cuyos cimientos se basaban en una espesa y pesada mezcla de miedos varios: miedo a estar sola, miedo a ser abandonada, miedo a no ser digna y a no inspirar cariño, miedo a ser ignorada y destruida.

Yo misma, sin darme cuenta, me había vuelto víctima y esclava de mis propias decisiones, pero todas se resumían en una sola: la decisión inconsciente de no ser feliz.

Descubrir el programa fue un regalo más de la vida, sólo que éste sí que supe aprovecharlo.

Ahora entiendo que no soy ningún bicho raro. Que lo que a mí me pasa tiene nombre. Padezco el Síndrome de la mujer que ama demasiado, y aunque es un síndrome dañino y destructivo, me tranquiliza saber que tiene nombre.

La buena noticia es que con trabajo, voluntad y decisión, mi sufrimiento tiene cura.

Lo primero que recuerdo de mi entrada en el programa fue la liberación emocional que causó en mí la siguiente afirmación:

“A partir de este momento, ya no estás sola”

Imagino que esto es lo que se siente cuando entras en un grupo de iguales. Además de lágrimas, muchas lágrimas…algunas reprimidas y otras siguen surgiendo por sorpresa; todas ellas necesarias para encaminar y hacer efectivo mi proceso de recuperación.

Ha pasado ya un año y cuatro meses y yo misma me admiro de mi progresión y evolución en el programa. Pero sobre todo, he crecido; soy consciente de mi crecimiento en el terreno físico y emocional, y ante todo, espiritual.

Aprender a quererme más físicamente me ha convertido en una persona más bella.

Aprender a respetarme emocionalmente me ha ayudado a ser respetada.

Y aprender la importancia de mi desarrollo espiritual me ha ayudado a recuperar mi conexión con el Universo y volver a sentirme parte importante de la Vida.

Ahora se que lo que yo siento importa, porque el sentimiento es el lenguaje del alma.

Comprendo que el miedo no te lleva a ningún sitio más que a la infelicidad.

Ahora me atrevo a mirarme en el espejo sin sentir odio por lo que veo reflejado en él, al contrario, me quiero.

He recuperado mis principios, mis intereses, mi personalidad…porque he aprendido a atesorar cada aspecto de mi misma con alegría, verdad y amor.

Me he liberado de mis muros dando la bienvenida a todos los tesoros que me está regalando esta maravillosa aventura llamada vida, pues hoy entiendo que el derecho a vivir no es algo que se deba ganar. Mi vida es una realidad presente. Yo soy la creadora de mi realidad y la Vida no puede descubrirme otro camino que el que yo piense. Hoy mis pensamientos me guían por un camino de paz, felicidad, confianza en mí misma, amor propio, salud, serenidad, equilibrio, bienestar, libertad y autoconocimiento emocional. Estoy aprendiendo a escucharme con respeto y confianza.

Y si algún día me encuentro en el camino de lo que no soy, no volveré a olvidar quien soy realmente. Me preguntaré: ¿esto es bueno para mí? ¿me permite llegar a ser todo lo que soy capaz de ser? y seré la luz en la oscuridad sin maldecirla. Robin Norwood, con su libro “Las Mujeres que Aman Demasiado” me ha regalado una sabiduría que hoy por hoy, pase lo que pase, ya nunca podré ignorar.

Hoy sé que lo que haga en los momentos de más dura prueba, puede ser mi mayor triunfo, porque la experiencia que voy creando es una afirmación de quién soy, y de quién quiero ser:  la proyeccion más bella y transparente de la verdadera mujer que hay en mí.

Anónimo  (Asociación MAQAD)                                                  Ibiza, Agosto 2009


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