Posteado por: MAQAD | 8 octubre 2009

“De la oscuridad a la claridad”

Síntoma 5 de la Mujer que Ama Demasiado:

“Casi ninguna cosa es demasiado problemática, tarda demasiado tiempo o es demasiado costosa si ‘ayuda’ al hombre con quien usted está involucrada”

 

De la oscuridad a la claridad

Siendo siempre fiel a mi concepto de bondad, durante años he tenido una idea equivocada de lo que significa y supone realmente “ayudar”. Incoscientemente, había unido en matrimonio el concepto de “ayudar” al concepto de “amar”.

Ayudar-amar, amar-ayudar, siempre han estado muy vinculados en mi diccionario. Ahora soy consciente de ello, y de lo errónea que era mi percepción.

Casi ninguna cosa es demasiado problemática o demasiado costosa si con ello consigo “ayudar-amar” a mi hombre.

Asociar a la palabra amor la idea de esfuerzo, sacrificio, problema, es totalmente incompatible con el concepto de amor en estado puro.

Amar nunca debería suponer un problema o un sobreesfuerzo en una mente sana que piensa con claridad.

¿Dónde quedan las risas, la alegría, la diversión, el placer, la libertad, la paz, la plenitud, las emociones, la autonomía, el respeto…? Eso es realmente amor, y no la sensación de un nudo en el estómago.

Tiene sentido cuando, una vez más, entiendo que la raíz de esta asociación está en mi propio deseo de ser amada, lo que me lleva a esforzarme inconscientemente en hacer méritos para que mi hombre acepte y valore esa “ayuda-amor” que tengo para ofrecerle, si a cambio, con ello, consigo que me ame.

Este es un concepto muy esclavo del amor y a la larga destructivo, sobretodo cuando no consigo la respuesta que esperaba y me aplico con más ahínco invirtiendo prácticamente todo mi tiempo y energía en ello.

De esta manera, cuando pienso en mis relaciones de pareja, me veo a mí misma comprándole a mi hombre ropa nueva para ayudarle a mejorar el concepto que tiene de sí mismo; me recuerdo buscando el momento para mantener esas largas conversaciones que sin duda le abrirán los ojos a la verdad, mi verdad…; por mi hombre he comprado la prensa cada día y he analizado cada oferta de empleo invirtiendo en ello mucho tiempo y dinero en llamadas; incluso he permitido que abuse de mí emocionalmente porque el pobrecito, pensaba yo, ha tenido una infancia infeliz y la vida ha sido muy injusta con él.

En alguna ocasión alguien se ha molestado en decirme: “¿Qué pasa? ¿Es que tu hombre es inválido? ¿No tiene voz para hablar? ¿No tiene manos para trabajar? ¿Es que no puede valerse por sí mismo?” Y yo con mirada compasiva y media sonrisa me he visto contestando: “No, no es eso…,es que tú no lo entiendes…, si le conocieras y quisieras como yo entenderías por qué el pobre necesita que le ayuden”

¡¿Cómo pude estar tan ciega?! Sobretodo cuando la situación ha llegado a ser tan absurda, precaria y denigrante que por mi hombre me recuerdo escondiendo el dinero detrás de los cuadros y dentro del cajón de los calcetines para evitar que se lo gaste en drogas y alcohol. Por mi hombre he permitido que totales desconocidos abusen de mí física y emocionalmente. Por él dejé de bailar, de cantar, de tocar la guitarra, de comer, de hablar, de sentir…dejé de mirarme en el espejo porque me aterraba lo que veía reflejado en él, y aún así, por lo que en un principio empezó llamándose “amor”, por mi hombre casi doy la vida.

Si esa etapa de mi vida fuera una película, ahora sin dudarlo, cambiaría de canal por historia absurda y ofensiva.

Lo sorprendente es que, habiendo tenido la posibilidad de mantener relaciones aparentemente más sanas, me he visto repitiendo conductas y comportamientos que pretendían ayudar al hombre con el que en ese momento estaba involucrada.

El resultado siempre es el mismo: acabo sola. O yo abandono la relación por insana o mi hombre huye de mí. Y es que, ningún hombre en su sano juicio va a querer compartir su vida con una mujer que es capaz de darlo todo por “amor” olvidándose de sí misma.

Mujeres como yo nos hemos perdido el respeto recluyéndonos a nosotras mismas en el olvido y con ello nuestros valores, pensamientos, sentimientos, personalidad e intereses.

¿Qué tipo de atractivo he tenido durante todos estos años ante las miradas de hombres sanos y prometedores? ¡Ninguno! Más bien mi falta de respeto y consideración hacia mí misma puedan haber inspirado pena, compasión, lástima…y eso no enamora a los hombres…¡Los espanta!

Hoy por hoy, mi prioridad absoluta en la vida es mi recuperación. Gracias a ello, he logrado recordar con claridad mi principio básico existencial: el Amor, lo que me proporciona un profundo y grato sentimiento de amor y respeto hacia mi propia vida.

Además, he recuperado un recuerdo de la infancia preciosísimo y que es sólo mío, que me ayuda a mantenerme conectada a mis emociones y a la grata experiencia de vivir: el olor del pecho de mi madre. Es una experiencia de felicidad, vida y amor en estado puro indescriptible. Y así es como he decidido sentirme siempre, independientemente de quién decida acompañarme en esta maravillosa aventura llamada vida.

Hoy me atrevo a compartir mi historia contigo sin miedo y sin prejuicios , y me enorgullece poder decir en voz bien alta que “Soy feliz por el simple y mero hecho de existir”.

Anónimo
(Asociación MAQAD)


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