Posteado por: MAQAD | 13 febrero 2010

“Ahora me toca ser buena conmigo misma”

3er Comportamiento de la mujer que ama demasiado

Su impulso de entregarse sexualmente a otros a quienes percibe como necesitados, puede dar como resultado una conducta que ella misma considera promiscua, pero esta apunta principalmente a la gratificación de otra persona, en lugar de a ella misma

 

“Ahora me toca ser buena conmigo misma”

Qué absurdo, denigrante, intolerable y sin sentido me resulta este comportamiento y cuánto tiempo tardé en ser consciente de ello…

El año pasado, trabajando este mismo comportamiento, intenté repasar mi trayectoria sexual y no me resultó sencillo hacer un recuento del número de hombres con los que he intimado hasta ahora, sobretodo, porque no recuerdo haber sentido nada excesivamente especial por ninguno de ellos.

De hecho, todavía no lo tengo claro… Esto en boca de otro yo lo interpretaría como marcarse un farol, pero viniendo de una mujer como yo resulta denigrante, no por el número de hombres, sino por el verdadero motivo de esa entrega.

Sin pensármelo dos veces, siguiendo un impulso, por primera vez tuve la valentía de llamar a mis tres hermanas, mujeres aparentemente sanas, y preguntarles, en confianza, con cuántos hombres diferentes habían intimado sexualmente. Fue una experiencia grata y divertida que despertó sinceridad, sorpresa, risas… En casa el sexo siempre había sido tema “tabú” y nunca habíamos compartido de esta manera.

Fue divertido hablar de relaciones sexuales con ellas pero, tras las risas, al quedarme sola, me sentí extraña y confusa. Sin duda, voy numerosas vidas por delante de mis hermanas en cuanto al número de hombres se refiere, pero no puedo decir lo mismo en cuanto a amor y experiencia sexual.

Irónicamente, hoy por hoy, aun sigo sintiendo pudor hacia el sexo, pudor hacia mi cuerpo, y pudor hacia los motivos que me llevaron a acostarme con esos hombres.

Algunas relaciones me resultaron muy placenteras, otras nada en absoluto. En ocasiones creí rozar el amor, pero otras veces no sentía absolutamente nada hacia esa persona. Aún así, me entregaba sexualmente sin respetar en absoluto mis emociones, de hecho, mi mente estaba tan concentrada en asegurase de que él disfrutase, que ni siquiera era capaz de pensar en mí y en mi comportamiento.

A pesar de que ahora veo las cosas con total claridad, hasta no hace mucho, todo lo que había girado entorno a mis relaciones me resultaba excesivamente promiscuo y confuso.

Siendo siempre fiel a mi muy bien aprendido papel de “niña buena”, mi bondad, como de costumbre, fue capaz de atravesar fronteras impensables en todos los ámbitos, incluyendo, como no, el sexual.

Bajo una apariencia angelical y bondadosa, en reiteradas ocasiones, me coloqué mi capa de “salvadora” y sin pensármelo dos veces, me puse a total disposición del hombre que consideré necesitado de afecto y de cariño.

Me bastó creer que ese hombre tenía complejo de feo, complejo de no encajar en esta sociedad, complejo de no saber hacer amigos, complejo de “nadie me ha dado una oportunidad”… eso fue suficiente para que yo me sintiera atraída hacia esos hombres y acabase entregándome a ellos sexualmente.

El resultado fue una mezcla de emociones y sensaciones:

– Me divertí, me reí… pero también sufrí y lloré.

– Durante un momento creí tenerlo todo y luego… nada.

– Llegué a sentirme alegre, feliz, llena… pero casi siempre vacía, infeliz, triste y sobretodo, sucia.

Todas mis relaciones marcadas por la confusión sin una pizca de claridad ni libertad emocional.

Difícilmente podrían haberme hecho sentir de otra manera cuando el motivo principal de esta atracción fue siempre la gratificación de otra persona en lugar de mí misma.

Hace ya un tiempo que estoy sola y que no mantengo relaciones sexuales con un hombre. Aunque, si lo pienso con frialdad, siempre he estado sola. Durante este tiempo me he reencontrado conmigo misma. No busco a la auténtica mujer que hay en mí… más bien la escucho, porque la auténtica mujer siempre ha estado aquí, sólo necesitaba que su mejor amiga, yo, la escuchase.

Ahora intento cuidarme, escucharme y respetarme con mucho amor… con la fragilidad y el cariño del que considero que soy digna. Estoy aprendiendo a no odiarme por mi comportamiento del pasado, lo que me ayuda a liberarme de ese sentimiento de culpabilidad que me atormentaba día tras día. Es todo un proceso, lento… pero requiere tolerancia, paciencia y comprensión por mi parte. Lejos de volver a sentir odio, rabia y asco hacia mi persona, procuro pensar en mí desde la comprensión, el amor y el cariño. Comprendo que no puedo esperar que alguien sienta por mi lo que nunca fui capaz de ofrecerme a mi misma. Se acabó el vivir en “mi mundo al revés”, ahora me toca ser “buena” conmigo misma.

Anónimo (Asociación MAQAD)       Ibiza, Enero 2010 


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