Posteado por: MAQAD | 19 agosto 2010

“Lo que la vida me ha ido enseñando”

Síntoma 7 de la mujer que ama demasiado

“Está dispuesta a aceptar mucho más del cincuenta por ciento de la responsabilidad, la culpa y los reproches en cualquier relación”

(Sobre el sentimiento de culpa y culpabilizar a otros)

 

“Lo que la vida me ha ido enseñando”

Queridas compañeras quiero compartir con vosotras lo que la vida, a lo largo de los años, me ha ido enseñando:

Durante mucho tiempo he vivido con una fuerte sensación de desconocer el arrepentimiento. No podía comprenderlo.

Siempre tenía una conciencia muy clara de que si en determinadas circunstancias había actuado (o dejado de actuar) de una forma concreta, en esas mismas circunstancias volvería a actuar también de la misma manera pues tendría los mismos condicionamientos.

Hoy sigo pensando exactamente igual.

Sin embargo eso no me ha impedido experimentar el sentimiento de culpa durante una década.

Me nació cuando me di cuenta de la clase de padre que “le había elegido” a mis hijos, bueno llamarle padre es porque genéticamente lo es, pero nada más.

Me reprochaba no haber pensado en ellos ni por un momento cuando a mis dieciocho años, de hace mucho tiempo en una pequeña capital de provincias de la España oscura, me enamoré locamente de un muchacho encantador sin oficio ni beneficio.

Pero afortunadamente, mi cáncer, mi depresión y  mis variados sufrimientos me han conducido finalmente a este sendero de autoconocimiento, aprendizaje y recuperación que es nuestro Programa.

A través de la aceptación me llegó la comprensión, y a través de la comprensión la lucidez y la conciencia suficiente para entender que no han sido por mi culpa los errores y desaciertos cometidos en mi vida, sino por culpa de mi ignorancia y de mi enfermedad emocional.

Además todo lo que he vivido hasta ahora me ha convertido en la persona que soy, esa persona que yo valoro y a la que cada día quiero y cuido  más.

En cuanto culpabilizar a los otros de esto sí que tengo una dilatada experiencia.

Y hasta hace muy poco tiempo no me había dado cuenta.

Pensaba que yo por mí misma tengo la capacidad de ser feliz y estar bien, pero que son los otros los que me quitan el bienestar porque no son como a mí me gustaría que fuesen, porque no hacen lo que yo quisiera, porque me dan problemas, porque me tratan de modo que me siento lastimada, etc..

Ha sido un proceso paralelo en mi recuperación lo que me ha hecho comprender que yo no puedo (ni debo, ni me interesa, ni eso funciona) poner en manos de los demás mi bienestar.

Porque si yo sigo esperando que el mundo sea como a mí me gustaría, es seguro que me moriré esperando.

Este es el mundo que tengo, esta es la familia que tengo, este es el cuerpo que tengo, esto es todo lo demás que tengo.

¡Cuantas y cuantas cosas buenas hay aquí! , bien pues sobre esto edifico mi bienestar, siendo valiente, prudente,  amando…

Los demás son como son, están como están y necesitan lo que necesitan; seguro que a todos ellos también les gustaría que a veces yo fuera diferente y  me comportara de otra manera.

Ahora comprendo también lo que nos dice Robin, que el sentimiento de culpa está relacionado con nuestra pulsión al control. Pensamos que si no podemos cambiar las cosas es culpa nuestra.

Y culpabilizar a otros también veo que está relacionado con no enfrentar quienes y cómo somos realmente y con no desarrollar todo nuestro potencial para vivir una vida plena (ya sabéis, Pasos Siete y Ocho).

Una mujer que ha recobrado su alegría

Ibiza, febrero 2010


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